Escuela de Profetas

 

2 Pedro 1:19 (La Biblia de las Américas)

La palabra profética

19Y así tenemos la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en prestar atención como a una lámpara que brilla en el lugar oscuro, hasta que el día despunte y el lucero de la mañana aparezca en vuestros corazones.

Tengo en mi corazón, hace ya mucho tiempo, la intención clara de enseñar sobre la profecía bíblica. Un tema apasionante, profundo, con muchos matices, que requiere discernimiento y que genera puntos de vista encontrados entre muchos hermanos. De esto se trata esta nueva sección. Cada tema aparecerá independiente en el blog, pero se irá acumulando en el link “Escuela de profetas”.

Muchos creyentes afirman que las profecías ya cesaron, que todo lo que Dios quería revelarnos está en la Biblia y que no hace falta nada más. En parte concuerdo y en parte discrepo.

Es verdad, todo lo que Dios quería revelar está en las escrituras, pero la profecía no pretende revelar nada nuevo. Siempre, a la luz de la Palabra de Dios, revelará lo que Dios quiere resaltar para la vida de un individuo o de una comunidad.

Es también cierto que al moverse en un plano de aparente subjetividad, muchos “profetas” han engañado a multitudes a título de “Dios dice esto…”, pero el hecho de que haya gente que utilice de forma incorrecta o mal intencionada un ministerio bíblico, no significa que este no exista o no funcione.

Comencemos por el principio (gran idea!), definamos qué es y qué no es profecía. (En este punto debo recordar a quien lee este blog que el enfoque que daré es 100% bíblico, no me inclinaré ni un milímetro a izquierda o derecha de lo que dice la Palabra. Aquí explicaré lo que es la profecía bíblica y no otro tipo de mal llamadas “profecías”).

Profecía, es el don que permite a una persona hablar de parte de Dios palabras de edificación, exhortación y consolación (cf.: 1 Corintios 14. 3). Lo que debería originar la siguiente pregunta: ¿Dios habla?, es decir, ¿habla con la gente, se le puede oír? La respuesta es sí (cf.: Job 33. 14). Dios habla; puede hablar de muchas maneras y el desarrollar una relación personal con Él sin que ésta se base en un diálogo (comunicación interpersonal de ida y vuelta) sería un monólogo vano.

Dios habla de muchas maneras que prefiero ejemplificar:

  • Por su Palabra escrita. A través de la Biblia, leyéndola leemos mucho más que una historia, leemos a Dios hablando al hombre. Aquí debo enfatizar el hecho de que la Biblia no es un oráculo, abrirla al azar para saber “que dice Dios para hoy” es una práctica incorrecta. Dios habla por ella de formas que explicaremos más adelante.
  • Por su Palabra compartida: La predicación del evangelio es un poderoso recurso para que Dios hable a los hombres, es por eso que frecuentemente al escuchar un mensaje basado en la Palabra de Dios sentiremos como si el predicador se estuviera dirigiendo de forma específica a nosotros, ese es Dios que con un mismo mensaje puede bendecir a una persona que pasa por enfermedad, a otra que vive una separación y a otra que no tiene ninguna necesidad en el momento pero que ve saciada su búsqueda de Dios, a todos con el mismo mensaje. Este punto también incluye lo que Dios pueda comunicar a través de uno de sus profetas (tema que se desarrollará más adelante).
  • Por su Palabra audible: No es uno de los medios más frecuentes (debido al siguiente que explicaré) pero Dios es Dios, Él puede hacer lo que quiera cuando quiera y, ciertamente, puede hablar en voz audible y lo hace.
  • Por su Palabra en el corazón del hombre: Desde el momento que una persona abre su corazón a Dios y le invita a entrar en él, el Espíritu Santo vienen a hacer morada en su vida (cf.: Juan 14. 23, Juan 16. 13). A partir de ese momento Dios empieza a hablar al corazón del hombre. Conforme nuestra relación con Él se profundice más clara y discernible será su voz. Nadie en este universo puede hablar al corazón del hombre, sólo Dios puede hacerlo. Muchas cosas llegarán a nuestra alma (sentimientos y emociones), muchos mensajes nos tocarán en esa parte profunda, pero llegar  a nuestro espíritu, a nuestro “corazón”, sólo Dios puede (cf.: Jeremías 17. 9 – 10). Siendo tan frecuente y común escuchar una voz audible, tiene mayor grado de exclusividad (si vale el término) el hecho de que Dios hable al corazón.
  • Cualquier otra manera en la que Dios nos comunique algo, podrá ser definida como Él hablándonos, por medio del Espíritu que habita en nosotros. Circunstancias, situaciones, e incluso predicaciones y enseñanzas, todas deben pasar por el discernimiento que nos provee el Espíritu de Dios. Es más, te invito a que pongas bajo esa lupa esta misma enseñanza, la palabra final la tiene Dios y no yo (cf.: 1 Tesalonicenses 5. 20 – 21 ).

Muy bien, ahora que sabemos que Dios habla, ¿para qué necesitaríamos un profeta que nos hable de parte de Dios? Tremenda pregunta, digna de ser respondida. Dios puede hablar a cada persona de manera personal, eso es innegable. Llegar a oír su voz no es problema, llegar a distinguirla de entre otras es la clave (otras como tu propia voz, tu conciencia, tu memoria y otras). El corazón es engañoso como citamos en Jeremías 17, por ello Dios provee a su Iglesia del don de profecía, la Palabra de Dios administrada para edificación, exhortación y consolación.

Una cosa es escuchar a Dios (algo que todos podemos hacer) y otra es hablar de parte de Dios. Pablo nos anima a buscar este don, que no ha dejado de funcionar ni corresponde sólo al Antiguo Testamento (cf. 1 Corintios 14. 1)

Esto nos lleva al motivo de este mensaje, el profeta es una persona que, teniendo desarrollada la habilidad de distinguir la voz de Dios de cualquier otra (don de profecía), consagra su vida y su relación con Dios a desarrollar esta habilidad de manera que Dios le revele palabras de edificación, exhortación y consuelo. Un profeta no es más ni menos que nadie. No es mejor ni peor, simplemente tiene una tare específica: hablar lo que Dios le mande a hablar (cf. Ezequiel 33).

Toda profecía debe ser juzgada, y el que la recibe tiene todo el derecho de pedir a Dios una confirmación al respecto. Lo ideal es que cada persona pase tiempo de su oración en escuchar la voz de Dios, escucharle hablando por cualquiera de los medios que Él elija comunicarse con nosotros. Lo equivocado es conocer a un profeta y derivarle a él la tarea de que nos diga lo que Dios nos quiere comunicar.

He conocido mucha gente que sabiendo del ministerio de profeta de algún hermano lo buscan diciéndole “¿tiene algún mensaje de Dios para mi?”. También me ha sucedido en más de un par de ocasiones, pero el ministerio de profecía no se trata de eso. Dios hablará por medio de un profeta cuando y como Él quiera.

Un profeta, generalmente, no hace “publicidad” de su ministerio ni se anuncia a si mismo como “Profeta del Señor”, gran parte de la notoriedad de este ministerio viene porque la gente lo reconoce en uno, más que por que uno lo da a conocer.Esto no significa que el profeta oculta su ministerio, pero si que no hace falta gritarle a los cuatro vientos sobre él. No olvidemos este principio: nuestro promotor, nuestro “jefe de campaña” (en cualquier ministerio) es el Espíritu Santo, Él nos consigue oportunidades de servir, nos envía, nos capacita y nos impulsa. Si en lugar de que lo haga Él necesitamos ser nosotros los que hagamos la tarea de “promoción” de nuestro ministerio, entonces estamos en problemas y deberíamos considerar cuan de Dios es “nuestro ministerio”.

Hasta aquí un primer capítulo. En el siguiente hablaremos de las características de un profeta y cómo sabe uno si tiene el llamado a este ministerio, basándonos en los libros de Daniel y Ezequiel. También hablaremos de las señales seguras para distinguir la voluntad de Dios.

Me encantará, si tienes alguna duda, responderte de forma personal. Escríbenos a contacto@jazon.info

Carlos Alberto

La voz de Dios

Update para Escuela de Profetas (15-jun-2010)

Juan 10:27 (NVI)

“Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.”

Es necesario distinguir entre oír la voz de Dios y el oficio de profeta. Aunque ambos están relacionados, uno es distinto del otro. Muy a menudo, quizás una de las preguntas más frecuentes cuando se enseña sobre profecía es: ¿Cómo se hace para escuchar la voz de Dios?

Jesús lo hizo sencillo de entender, sus ovejas le escuchan, Él las conoce y ellas las siguen, punto. Entonces para escuchar su voz hay que ser oveja suya, Él tiene que conocernos y tenemos que seguirle. Si ya eres oveja suya (o sea que le perteneces, que Él es tu pastor, tu sustento, tu maestro, tu salvador, etc), si Él te conoce (no olvides que a algunos que le digan “Señor, señor…” Él les dirá “no los conozco…”), esto es pasar tiempo con Él, tener intimidad, conocer y seguir buscando su corazón y finalmente le sigues (buscas su palabras, guardas sus mandamientos, sacas lo mejor de vivir bajo la gracia, etc) entonces… ya le estás escuchando.

Ahora, escucharle y distinguirle son dos cosas diferentes. Hay muchas voces que hablan dentro de nuestra mente, entre las más notorias: la del enemigo (sí, existe y habla muy a menudo), la tuya propia (o tu conciencia) y la de Dios.

Dios ya nos está hablando, no puede pretender tener una relación personal con nosotros y que esta sea muda o que se base en un monólogo; el tuyo. Dios ya está hablando, es como las ondas de radio, lo único que se necesita es un radio receptor y tu puedes entrar en su canal y oírle. Hay varios canales que emiten ondas de radio, algunas simulan ser la voz de Dios, muchas veces tu propia voz pretende ser la de Dios cuando quiere guiarte a tus deseos y los disfraza de espirituales. Jeremías 17 nos enseña que el corazón del hombre es engañoso y muchas veces tu conciencia te querrá llevar por caminos con “apariencia de piedad” (Cf.: Colosenses 2. 23) pero alejados de la voluntad de Dios.

La voz del enemigo, en cambio, tienta. Busca seducir, convencer y persuadir. ¿De qué? De que te alejes de Dios. Lo que más le importa a nuestro enemigo es que nos alejemos de Dios. El enemigo no fuerza, no obliga ni impone, sencillamente porque no puede, no tiene el poder para hacerlo; pero si sugiere y habla muy frecuentemente.

Aquí es necesario aclarar, el único ser en todo el universo visible e invisible con la capacidad para estar en todo lugar y en todo tiempo es Dios, a eso le llamamos omnipresencia. Por esta cualidad sólo Dios puede conocer lo que hay en tu corazón y en tu mente (Cf. Jeremías 17), nadie más sabe lo que hay ahí dentro. El enemigo conoce tus debilidades, las puede usar en tu contra, pero no sabe lo que hay en tu mente ni en tu corazón, así que no vivas con la paranoia de que Satanás anda leyendo tu mente, porque no puede.

Distinguir la voz de Dios es cuestión de práctica, de pasar tiempo con Él. Esta es la tercera fuente más frecuente de sonido “dentro” nuestro. Muchos esperan que Dios les hable audiblemente. ¿Lo hace? Claro, Él es Dios, nada es imposible para Él. Pero no es el medio más frecuente, sencillamente porque es el medio más común. Hablar al corazón es otra cosa. Sólo Él puede. Nadie más en el universo puede. Tu conciencia está en tu mente, las tentaciones del diablo llegan a tu mente, pero la voz de Dios… ésa es la única que llega al corazón.

Entonces para oír la voz de Dios hay que ponerse en el canal adecuado, esto requiere pagar el precio, es un tema de proximidad y práctica, pero TODAS sus ovejas oyen su voz.

Recuerdo bien cuando mi hijita mayor caminó por primera vez. Estábamos solos ella y yo en el jardín de la casa. Yo le estaba enseñando a caminar. De pronto la solté y ella dio algo así como 5 ó 6 pasos antes de casi caer porque yo volé (literalmente) para que no caiga. Fue emocionante!!! Una de las cosas más emocionantes de mi vida, sobre todo porque fui el primero en verla. Mi esposa estaba en el segundo piso. La llamé de inmediato, bajó con la cámara y filmamos los primeros pasos de mi hijita, pero caminados por segunda vez, jejeje.

Mi preciosa hijita caminaba unos cuantos pasitos y luego caía. Caminaba un poco más y caía de nuevo. Después de casi dos semanas de estar caminando en todas partes repentinamente, un día, dejó de hacerlo. Tenía miedo, ya no quería. Un tiempo más tarde (bastante, jejeje) supimos que había caído en la casa de alguno de los abuelitos (tiene 4 y el lugar es secreto) y entonces tuvo miedo.

¿A qué viene esto? Al oficio de profeta. Ser profeta, entre otras cosas, es tener la capacidad de comunicar lo que Dios ha estado hablando de forma personal. Dios es un comunicador (no puedo negar que es de mucha satisfacción pertenecer a su rubro, profesión y oficio, ejjejeje) Basta con leer Juan 1 para entenderlo. Dios se comunica y le encanta comunicarse. Cuando un profeta empieza a profetizar puede suceder como cuando un niño empieza a caminar. Caminar no es un don, es algo natural, lo mismo que oír a Dios, para sus hijos es algo natural. El hecho de que nuestra habilidad de oír a Dios “sufra caídas”, no significa que no vayamos a terminar por distinguirle y oír su voz con claridad. Yendo al ejemplo, caminar es como oír a Dios y profetizar es transformarse en un atleta. Todos caminamos pero no todos nos dedicamos a la marcha o a los 100mts. planos. De igual manera todos los que somos ovejas de Dios podemos oírle pero no todos nos dedicamos a comunicar lo que Él nos dijo. Ser un profeta no es un rango de superioridad ni un peldaño en el “escalafón cristiano”, es sólo un servicio más, pero que requiere más humildad que otros.

La verdad es que Dios es un gran comunicador, pero los tesoros de su reino viajan en una onda codificada. Proverbios 25. 2 nos enseña que es gloria de Dios encubrir algún asunto y la honra del rey consiste en escudriñarlo. Es por esto que sólo las ovejas de Dios pueden oírle, su canal es codificado, escudriñarlo equivale a decodificarlo. Los tesoros del Reino de Dios están disponibles para los que se empeñan en buscar a Dios y conocer su corazón.

Ahora si, para la siguiente entramos en Daniel y en Ezequiel. Para cualquier duda escríbeme a contacto@jazon.info

Carlos Alberto

Daniel, profesión: Profeta

Update para Escuela de profetas (Octubre 5, 2010)

Daniel 9: 1 – 5 (LBLA)

“En el año primero de Darío, hijo de Asuero, descendiente de los medos, que fue constituido rey sobre el reino de los caldeos, en el año primero de su reinado, yo, Daniel, pude entender en los libros el número de los años en que, por palabra del Señor que fue revelada al profeta Jeremías, debían cumplirse las desolaciones de Jerusalén: setenta años. Volví mi rostro a Dios el Señor para buscarle en oración y súplicas, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré al Señor mi Dios e hice confesión y dije: Ay, Señor, el Dios grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia para los que le aman y guardan sus mandamientos, hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho lo malo, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas.

Volvamos al oficio de profeta. Éste servicio se diferencia de otros en que la persona que lo ejerce, además de tener la habilidad de distinguir la voz de Dios, tiene el llamado de comunicar lo que el Señor le habla. Hasta ahí es donde la mayoría coincidimos en conocimiento, pero la realidad es que el oficio incluye más.

1. Un profeta conoce e interpreta las Escrituras, “…yo, Daniel, pude entender en los libros el número de los años en que, por palabra del Señor que fue revelada al profeta Jeremías, debían cumplirse las desolaciones de Jerusalén: setenta años”.

Aquí es necesario aclarar que hay pasajes que no requieren ningún tipo de interpretación como aquél en que Jesús dice: “…el que no tenga pecado que lance la primera piedra”, otros que mencionan “un monstruo de siete cabezas” obviamente necesitan interpretación, pero la habilidad del profeta va más allá. Tiene comunión con las Escrituras, las escudriña, entiende y aplica correctamente sus contextos y sabe utilizarla en beneficio del pueblo de Dios sin manipularla. Dice lo que en La Biblia dice, como debe decirse, ayudando a que otros la entiendan.

2. Un profeta es un buscador de Dios permanente: “Volví mi rostro a Dios el Señor para buscarle en oración y súplicas, en ayuno, cilicio y ceniza.

No hay manera que un profeta escuche a Dios si no pasa tiempo con Él. Buscar a Dios de forma permanente es una de las tareas inexcusables de un profeta. Lo interesante del carácter de Daniel es su pro-actividad en esta tarea. De hecho, algo que yo considero como “el secreto” de Daniel para el éxito, se encuentra en Daniel 6:10 “… Daniel… como lo solía hacer antes, continuó arrodillándose tres veces al día, orando y dando gracias delante de su Dios.”

Daniel busca a Dios con dedicación y con diligencia. Cuando entendió lo que decían las escrituras del profeta Jeremías no se conformó con angustiarse como lo haría cualquiera de nosotros, sino que le puso solución inmediata: buscar a Dios.

3. Un profeta hace penitencia “en oración y súplicas, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré al Señor mi Dios e hice confesión…” Es bien cierto que ya hemos sido perdonados, pero la única forma de experimentar el perdón que regaló Jesús es a través del arrepentimiento, confesando nuestros pecados delante de Dios como dice 1ª Juan 1:9Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.” Llegar delante de Dios y reconocer el pecado es tarea de un profeta.

En este caso Daniel fue a hacer penitencia por todo su pueblo: “hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho lo malo…” No fue a acusar a nadie delante de Dios, al contrario se hizo parte con los necesitados. Esto nos lleva al siguiente punto.

4. Un profeta no es más que nadie, verso 20 del mismo capítulo: “Aún estaba yo hablando, orando y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel“. El ministerio de la profecía cae en descrédito porque algunos abusan del privilegio que es hablar de parte de Dios.Un profeta no puede ser de los que buscan aplauso o reconocimiento. No pretende ocupar los primeros lugares ni ansía el “título” profeta delante de su nombre como quien describe algún logro universitario.

Tener la responsabilidad de decir: “Esto es lo que dice el Señor…” el algo que no debe tomarse a la ligera. Si seremos juzgados por cada palabra que salga de nuestra boca, cuánto más si lo que sale de nuestra boca es atribuido a Dios? Un verdadero profeta es un siervo y su trabajo es servir, ni más ni menos.

5. Un profeta es también un intercesor, verso 16 del mismo capítulo: “Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de tu ciudad, Jerusalén” La tarea del profeta incluye buscar la misericordia de Dios para quienes reciben el mensaje que comunicamos.

Es aquí donde Jonás se equivocó. El esperaba que Nínive ardiera: Jonás 4: 2 “… sabía yo que tú eres un Dios clemente y compasivo lento para la ira y rico en misericordia, y que te arrepientes del mal con que amenazas…

Lo que un profeta sabe es que Dios es fiel, sabe que es misericordioso, por ello intercede y así como se pone delante del pueblo para hablar de parte de Dios, así también se pone delante de Dios para hablarle de Su pueblo y buscar Su favor.

Daniel reunió todas estas características. No sólo hablaba de Dios, sino que hablaba con Él. Conocía su palabra, sabía interpretarla y con la ayuda del Espíritu interpretaba sueños y visiones. Pero además era diligente, disciplinado, humilde y valeroso en extremo. Su vida es el reflejo textual de lo que debe ser un profeta.

Si Dios te está llamando a este maravilloso ministerio, una buena cosa que puedes hacer es estudiar el libro de Daniel, no te conformes con leerlo, estúdialo! Abrázate del Espíritu y recorre sus páginas. Estoy seguro que Dios te hablará por medio de ellas.

Bueno, más para profetas pronto. PAZ!

Carlos Alberto

11 comentarios

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  1. Vviana de Narvaiz

    Necesitaba esclarecer algunos conceptos acerca de:que es un profeta verdadero,que es oficio de profeta,que es don de profecia y ministerio profetico.Despues de leer este informe me quedo mas claro;pero querria me enven mas informacion acerca del tema.Desde ya muchas gracias,espero respuesta de ustedes y Dios les siga bendiciendo y revelando los misterios del Reino.

  2. ernesto

    disculpe esta bien la ensenanza, ud dice que la profecia no es Don quiero que sea un poco mas especifico. Necesito mas información esta excelente.

  3. Carlos Alberto

    Al contrario hermano, en repetidas ocasiones, en todo el texto que usted lee, verá que afirmamos que la profecía ES UN DON.
    Saludos!

  4. Juan Carlos A.

    Yo quiero ser un profeta, disciplíname Señor, te amo.

  5. Dario

    hola, quiero saber si es biblica la escuela de profeta

  6. Carlos Alberto

    Claro que es bíblica. Gracias por preguntar.

  7. hugo

    Si es biblico en que parte del nuevo pacto se avala la escuela de profetas?

  8. hugo

    Si es biblico la escuela de profetas donde lo enseñan los apostoles? Gracias

  9. Carlos Alberto

    Estimado Hugo,

    Al ser bíblico no importa si el Nuevo o el Antiguo Testamento lo validan, por eso lo llamamos bíblico. No hace falta que algo aparezca en ambos testamentos para ser válido.

    En todo caso, el Nuevo Testamento también enseña ampliamente sobre este tema, te sugiero como lectura el capítulo 14 de 1 Corintios.

    PAZ!

  10. Ada

    En caminos y designios de Dios no hace falta una “escuela” en la iglesia que Dios nos plante ahí debemos florecer… Dice la biblia que Moisés era tartamudo y con la mano de Dios y buscarlo continuamente saco a Israelí de Egipto.. De lo mas vil y menospreciado del mundo levanta Dios para avergonzar al sabio… Y pues la practica hace al maestro ;) quiero saber mas de este ministerio!!

  11. raul palacios garcia

    el comentario mi hno es excelente, seria bueno que explicara mas sobre el nvo pacto, que textos avalan la escuela de profetas, yo creo que se aprende como se comporta y que hace un profeta por lo demas Dios lo hace todo, realmente no todos los que esten en una escuela de profetas, ya van a salir diciendo asi dice jehova o asi dice el señor o asi dice el espiritu santo ademas que mas puede añadir el Espiritu Santo si todo esta revelado. debemos saber tambien que es palabra profetica que es profecia y que es revelacion profetica.Saludos y bendiciones del Eterno para Todos. Shalom.

  1. Escuela de profetas « Jazôn

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