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sep 14 2017

Forasteros

1 Pedro 1: 1a NTV

“Yo, Pedro, apóstol de Jesucristo, escribo esta carta a los elegidos por Dios que viven como extranjeros.”

Una de las cosas que podría pasar inadvertidas en la primera carta de Pedro es la frecuencia con la que se refiere a sus destinatarios como “extranjeros”, “forasteros” o “peregrinos”. Pero no es casualidad, la intención de Pedro no fue la de dirigirse a forasteros comunes, al contrario, el se refería a otro tipo de peregrinación.

Los destinatarios originales de esta primera carta eran un grupo grande de cristianos que habían sido deportados de Roma, en la época en la que Nerón era emperador, a consecuencia del incendió que éste provocó, pero del cual culpó a los cristianos.

Estos “forasteros” no solamente lo eran en cuanto a su nacionalidad y residencia, pero más importante, lo eran en relación a su eternidad. Pedro se dirigía a la gente que no pertenece a este mundo. Los llamará “residentes temporales” porque el objetivo de Pedro es que los lectores de esta carta pongan sus ojos en lo eterno. Lo asombroso es que esta carta la leemos también tú y yo, ”residentes temporales”.

Pedro tiene una marcada intención al repetir tal idea de forma tan persistente, ayudarnos a abrazar la realidad: no pertenecemos a este mundo. En nuestra permanencia aquí tratamos de encajar, tratamos de acostumbrarnos, tratamos de hallar nuestro espacio, nuestro sitio de pertenencia.

Sin embargo, algo dentro nuestro no está satisfecho nunca, algo dentro anhela un lugar mejor. Es como saber que no estás en casa, como tener la sensación de que echar raíces no es lo indicado. Como si algo o alguien nos estuviera esperando. Independientemente de si eres cristiano o no, tienes y has tenido sed de eternidad. El ser humano es el único ser de la creación que adquiere conciencia para saber que nuestro paso por esta vida es fugaz. Desde el inicio del pensamiento no nos conformamos con la idea de que todo termine acá, si no tienes esperanzas eternas por lo menos no quieres que esta vida acabe. Sólo la pérdida completa de esperanzas o una vida profundamente dolorosa hace anhelar un fin y aun así, algo debería haber más allá.

¿Cuánto planeas vivir? ¿80 años? ¿Más? ¿Menos? Aun cuando ese número rompa la barrera de las dos cifras, déjame decirte… es poco tiempo. El hombre tiene sed de eternidad porque el diseño original involucra eternidad. Algo dentro tuyo anhela regresar a casa.

Pedro quiere que recuperemos esa noción. No somos de este mundo, no pertenecemos a este lugar, estamos aquí de paso. Todo lo que vivimos aquí es temporal, finito, perecedero. Ya sea que vivas el mayor dolor que se pueda experimentar, éste pasa. Termina. Puedes estar viviendo la alegría más genuina y disfrutar lo que tienes a mano y también pasará. Quisiéramos contener algunos momentos, congelar el tiempo y hacerlos eternos, pero es imposible, todo en este mundo es temporal, todo pasa.

Sin embargo hay un sendero de eternidad, Jesús deja las instrucciones para quien quiera seguirle: “No dejen que el corazón se les llene de angustia; confíen en Dios y confíen también en mí. En el hogar de mi Padre, hay lugar más que suficiente. Si no fuera así, ¿acaso les habría dicho que voy a prepararles un lugar? Cuando todo esté listo, volveré para llevarlos, para que siempre estén conmigo donde yo estoy. Y ustedes conocen el camino que lleva adonde voy.” (Juan 14: 1 – 4)

Hay un camino que conduce a nuestra verdadera patria y todo lo que aquí ocurre sirve para tomar la decisión que determine nuestra eternidad. Jesús jamás quizo que salgamos de este mundo, al contrario, Él quiere que vivamos en este mundo sin pertenecer a este mundo. Quiere que pasemos por aquí sin echar raíces, que en nuestro paso ayudemos a otros a encontrar eternidad, a descubrir su diseño original. Quiere que nuestro paso por este mundo sea de servicio, de dar a otros, de marcar sendas eternas.

Mientras todo apunta a que nos acomodemos y busquemos un lugar al cual pertenecer en este mundo, Jesús nos quiere por encima. ¿Qué quiere decir eso en forma práctica? ¿Deberíamos dejar de estudiar o trabajar para dedicarnos a “ganar” la eternidad? Gracias a Dios no es así. La eternidad es gratis, para todo aquel que cree y acepta el sacrificio de Jesús para su vida. Vivir la eternidad desde nuestra temporalidad significa, contrario al pensamiento convencional, sobresalir. Nos nos camuflamos con el entorno ni pasamos desapercibidos, al contrario, destacamos, porque ser cristiano es ser una contracultura.

Al ser ciudadanos de un lugar eterno no perdemos nuestros verdaderos valores y estándares, por el contrario, los hacemos notorios. El que trabaja que lo haga con excelencia, entendiendo que todo lo que hace lo hace para gloria de Dios. El que sirve lo hace con diligencia, el que da lo hace a mano abierta, el que es ofendido no responde con la misma moneda, el que es perseguido devuelve ese mal con bien. Después de todo sabemos que estamos de paso por este lugar, que todo pasa pero que en el camino podemos ayudar a otro a abrazar lo eterno. Tenemos nuestros ojos puestos en lo eterno mientras nuestros pies siguen plantados en la tierra, anhelamos lo que está por venir pero somos responsables con lo que tenemos a nuestro cargo mientras pasamos por este mundo. Lo uno no nos exime de lo otro. Tenemos destino eterno, pero dejamos huella a nuestro paso.

Ser extranjero va a ser difícil, lo que este mundo exige para pertenecer a él termina por destruir lo bueno. Lo normal hoy se ha podrido y ya no sirve. Es normal vivo angustiado, consumir pastillas para dormir, estar deprimido y necesitar terapia. Es normal que los padres ya no se vean con los hijos, es normal andar metido en un celular y llamar amigos a quienes ni se saluda en la calle. Es normal que los matrimonios fracasen, es normal que los hijos no se comuniquen con los padres. Es normal lidiar con drogas y alcohol. Lo normal se ha podrido.

A esos cristianos escribe Pedro, a los “residentes temporales” de este mundo, para recordarles que puede ser difícil no ser “normal”, pero que no tenemos porqué serlo, después de todo, sólo estamos aquí de paso.

¿Ya confirmaste tu reservación en la eternidad?

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