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dic 29 2015

Lecciones aprendidas de ser un Coach

Salmos 23: 1 NTV

“El Señor es mi pastor; tengo todo lo que necesito.”

Llevo muchos años haciendo coaching, en un inicio Ad honorem y luego como una profesión formal y tengo que admitir que aunque son muchas las personas que al terminar algún programa de entrenamiento, algún evento o alguna jornada de coaching me agradecen por lo mucho que han aprendido, el que más aprende soy yo.

Hoy en día hay coaching de todo, de cocina, de deportes, de familia, de negocios, de finanzas y muchos quieren ser un coach. No me mal entiendas, no es algo malo, se necesita más gente que ejerza como coach, pero por los motivos correctos.

Un coach es más que alguien muy motivador, alguien con mentalidad positiva o alguien que puede hablar bien delante de la gente. En estos años he aprendido que ser un coach es estar ahí para la gente. No puedes trabajar con gente si la gente no te apasiona.

En una de mis entrevistas en televisión fui consultado por el periodista: “¿Carlos Alberto, qué es lo que más te gusta de tu profesión como coach?”, sin dudarlo respondí: “Lo que más amo es trabajar con gente… y lo que menos me gusta es trabajar con gente.” Sé que suena raro, pero es la verdad, la gente me emociona, me desafía, me impulsa a ser mejor, a presionarme a mi mismo para exceder mis límites, pero al mismo tiempo la gente me entristece, me desanima y muchas veces me lastima, es el precio de trabajo con gente y, aun así, me apasiona.

Me encanta conocer historias, gente que sale de una situación adversa y consigue sus objetivos, pero también veo gente que sigue estancada en el mismo lugar sin poder avanzar y ambas situaciones me hacen desear seguir trabajando con gente. La pasión es un requisito indispensable para hacer cualquier actividad en la vida.

En otro programa de TV me preguntaban: “¿Es difícil motivar a la gente?”, mi respuesta también fue inmediata: “No lo es, si tienes las herramientas y los recursos adecuados. Lo difícil es motivarme a mi mismo”. He descubierto que esto de ser coach no se trata de tener un pensamiento positivo, porque eso es ilusorio. Vivimos anunciando, decretando y declarando cosas que no siempre terminan por suceder y eso nos frustra. Mantenerme motivado tiene que ver más con una actitud de respuesta positiva, de saber que pase lo que pase siempre se puede encontrar una salida. Saber que la salida no siempre es placentera y no siempre es “como uno sueña”, pero que de todas maneras será una salida, un avance. Que hay que seguir, no importa si despacio, no importa si a pasitos, pero seguir.

He entendido que la persona más difícil de liderar soy yo, yo me pongo zancadilla, yo me limito, yo me auto compadezco y me concedo ciertas licencias que me alejan de mis metas.

En todos estos años he entendido que ser coach es mucho más que citar frases motivacionales, es necesario primero vivirlas, experimentarlas, sufrirlas y entonces, sólo cuando las vives realmente, has dejado de ser una “caja parlanchina” y te has transformado en un mensajero. Estoy lejísimos de ser perfecto, pero puedo decir que mi vida es mi mensaje. De hecho esto es un principio del que nadie escapa, hagas bien o mal, estés viviendo una vida ejemplar o no, tu vida es tu mensaje.

En este tiempo he aprendido que el hecho de que haya aprendido algo no significa que lo practique y que eso me hace más aprendiz que nunca. He entendido que no lo entiendo todo, que de aquí a un par de años mi pensamiento habrá evolucionado y que mucho de lo que sé y creo ahora, habrá subido a siguientes niveles. Bajo esa premisa he dejado de enseñar, he aprendido a compartir. He perdido todo temor a preguntar. He dejado de desesperarme por tener la razón, por estar en lo cierto y me he abierto a la posibilidad de aprender más a partir de concederle a mis interlocutores el beneficio de la razón y de la duda.

Ser coach me ha enseñado que vivir bajo una imagen y una reputación es peligroso y frágil, que lo que se necesita es identidad, ser el mismo delante de la gente y a solas. Que si eres magnético en tu mensaje, lo seas en tu trato y que si hay mucha diferencia y dificultad entre decirlo y hacerlo entonces estás lejos de serlo, porque nadie se esfuerza por ser quien es, sino que nos esforzamos por llegar a ser lo que anhelamos o lo que aun no hemos alcanzado.

Me ha costado entender que, por más que me esfuerce, no todos van a estar de acuerdo conmigo, que no a todos les va a gustar quien soy o mi trabajo, que no todos me van a querer; ha sido difícil, pero he aprendido a vivir con ello.

Estoy consiente de que, pese a mi edad, aun soy muy inexperto para hablar de estos temas, sé que no tengo respuesta para todo y en gran medida ser coach me ha proporcionado ese alivio, el saber que no tengo respuesta para todo ni necesito tenerla, lo único que hace falta es saber buscarla. La gente a menudo busca consejo, una fórmula mágica, algún experto que le de los “5 pasos” eficientes para lograr “x” o “z”, pero es tremendamente liberador quitarse la carga de decirle a la gente lo que tiene que hacer y más bien acompañarles por donde escojan caminar hasta que logren avanzar a sus propios objetivos.

Ser coach no es hablar en público, es más bien tener algo para hablar. No es lo mismo tener que decir algo, que tener algo que decir. Aunque la mayor parte de mi trabajo parece consistir en hablar, la verdadera médula está en escuchar, en observar siempre bajo la misma  premisa de aprender constantemente. No es ser un experto, sino más bien el anhelo de serlo.

Ser coach no es un negocio, no es una oportunidad de mercado o un nicho al que aferrarse, al contrario. Ser coach es un servicio, es el acto concreto de estar ahí para la gente.

Conversando con mi esposa siempre termino riendo por esto, pero en este tiempo he aprendido que ser coach es el nombre secular que el mundo de los negocios le ha dado al oficio de pastor. Tarde o temprano todos descubrimos que necesitamos un pastor, un pastor en el más amplio sentido del trabajo rural de cuidar ovejas. Si hay algo en lo que un pastor debe ser experto es en conseguir lugares donde las ovejas coman y descansen, y mantener la salud de las ovejas con las tareas de protección que esto conlleva. Un coach es en mucho un pastor. Su única área de experiencia tiene que estar en garantizar el alimento y la seguridad de su gente.

He aprendido que un coach es un líder, no uno que va adelante sino uno que se hace cargo de que nadie quede atrás. Un líder que influye no para sobresalir, sino para que cada quien sobre salga en lo suyo. No un líder que hace todo, sino uno que hace que todo se haga. No un mandón o un sabelotodo, sino más bien alguien que te desafía a ser mejor porque le importas.

Quizás lo más importante que debo aprender… aun no ha llegado, pero una cosa es segura, sé que no lo sé y quiero aprenderlo.

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