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dic 05 2013

Cuando sabes quien eres, sabes lo que tienes que hacer

Jeremías 1: 4 – 8 NTV:

4El Señor me dio el siguiente mensaje: 5—Te conocía aun antes de haberte formado en el vientre de tu madre;
antes de que nacieras, te aparté y te nombré mi profeta a las naciones. 6—Oh Señor Soberano —respondí—. ¡No puedo hablar por ti! ¡Soy demasiado joven! 7—No digas: “Soy demasiado joven” —me contestó el Señor—, porque debes ir dondequiera que te mande y decir todo lo que te diga. 8No le tengas miedo a la gente, porque estaré contigo y te protegeré. ¡Yo, el Señor, he hablado!”

La identidad nos provee de propósito. No imagino que una madre vea caer a su hijo y no corra a socorrerlo. La herida que se abrió en la rodilla sangra, pero ella se acerca y lo abraza, lo consuela. No puede sanarlo, quizás hasta sienta nauseas y los nervios la paralicen, pero es su madre y socorrer a su hijo es lo que le corresponde hacer.

Tengo una amiga, que más que amiga es una hermana. Es doctora, viaja muy seguido en avión y sé que una de las cosas que menos le gusta es la de innumerables veces que algún pasajero se pone mal durante el vuelo y las azafatas salen con la consabida pregunta: “¿Algún médico entre los pasajeros que nos pueda ayudar?”. Aunque el cansancio de mi amiga sea enorme, aunque la situación sea compleja, su identidad gana sobre cualquier otra cosa, se pone de pie y asiste al necesitado. Es médico, atender pacientes es lo que hace.

Cuando sabes quién eres, sabes lo que tienes que hacer.

El asunto es que la mayoría de las personas transitan por el mundo sin identidad y por ende, sin propósito. En el mejor de los casos hemos adquirido una identidad impuesta por la situación o por otros. Nunca olvido al cantante Enrique Iglesias diciendo: “pocos tienen la suerte que yo tengo de hacer lo que amo y cobrar por ello”. Una prueba de uno, de esos pocos, que sabe quien es y vive siendo exactamente eso.

La búsqueda de identidad es imprescindible para avanzar en la vida, la buena noticia es que esta búsqueda no pretende hallar una aguja en un pajar. Tu identidad está prácticamente “en tus narices”.

Somos una herramienta poderosa que ha sido creada para una tarea específica. El propósito ha sido diseñado y luego, cada uno de nosotros ha sido diseñado para ese propósito.

El fabricante primero sueña con que su espátula de batir huevos sea mecánica para aligerar su trabajo, entonces, para ese fin, inventa una maquina que proporcione locomoción a la espátula y bata los huevos sin esfuerzo mayor. De igual manera sucede en esta vida. Dios necesita mucho más que pastores o músicos, necesita abogados, médicos, arquitectos, amas de casa, vendedores, taxistas y claro, comunicadores.

Gente que sea capaz de hacer aquello para lo que fue diseñado y lo haga con excelencia. Gente que muestre un camino por seguir, angosto y difícil, porque el camino de la excelencia no es fácil, pero posible y urgido de caminantes. Gente que no se de por vencida, gente que avance y cuando tropiece, se levante y siga. Gente que hace lo que tienen que hacer, lo hace bien y de paso ame lo que hace.

Eso es posible, cuando hay identidad.

¿Cómo encuentras la llave a quién eres?

  • Tu pasado, con frecuencia, tiene las llaves de tu futuro: Lo que has vivido, por duro que haya sido, te ha estado entrenando para algo mayor. ¿Qué recuerdo te ha marcado? ¿Qué experiencia siga fresca en tu mente y corazón? Y luego… ¿Por qué? Responder esto puede abrir un camino hacia quien eres y lo que tienes que hacer.
  • Tus valores no te hacen mejor, sólo diferente: Hay cosas que encienden tu corazón, cosas por las que darías tu vida. Si darías tu vida por algo, seguro viene en tu ADN. ¿Qué enciende tu pasión al extremo?¿Qué te irrita tanto que serías capaz de iniciar una cruzada para impedir que suceda de nuevo? ¿Qué provoca una genuina alegría en tu espíritu? Sin lugar a dudas esto te indicará, como un perro pointer, hacia tu identidad.
  • Es muy difícil encontrar alguien bueno para todo, pero es imposible encontrar alguien que sea bueno para nada: Hay cosas que haces mejor que nadie. Hay cosas que te resultan fáciles, cuando a otros le resultan complicadas. ¿Qué haces que impacta a otros? ¿Qué te resulta simple y lo disfrutas? Tus talentos hablan de tu utilidad en esta vida.

Cuando juntas estos tres elementos, la convergencia arroja como resultado identidad, propósito. Y cuando sabes quien eres, sabes lo que tienes que hacer. Es un poco la lucha del héroe de comics (mi tema recurrente). Es Peter Parker diciendo: “Este es mi destino y mi carga, soy Spider-Man”. Es Bruce Wayne escuchando que su fiel mayordomo Alfred le dice: “No sé si Gotham necesita tanto a Batman como usted”. Es Superman entendiendo que hay verdad en las palabras de su padre: “con el tiempo hijo, le darás a la gente un ideal por el que puedan luchar y se te unirán”. Héroes de ficción, pero mensajes reales de identidad.

Soy cristiano y tengo claro mi llamado. Soy papá y sé lo que me toca hacer como padre. Soy esposo y entiendo lo que se espera de mi.  Soy comunicador, y aquí estoy, hablando mi mensaje. Soy un animador, hay muchas vidas por levantar.

Una vez que sabes quien eres y lo que tienes que hacer… ¿Cuál es tu siguiente paso? Porque del plan a la acción puede haber una vida de diferencia.

¿Quién eres tu? ¿Qué te toca hacer?

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