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nov 19 2013

Una loca competencia… contra mi

1 Corintios 9: 25 – 27:

“25Todos los atletas se entrenan con disciplina. Lo hacen para ganar un premio que se desvanecerá, pero nosotros lo hacemos por un premio eterno. 26Por eso yo corro cada paso con propósito. No solo doy golpes al aire. 27Disciplino mi cuerpo como lo hace un atleta, lo entreno para que haga lo que debe hacer. De lo contrario, temo que, después de predicarles a otros, yo mismo quede descalificado.”

De cuando en cuando me encuentro con una persona así, un ser extraño, yo diría casi en extinción. La mayoría tiene un enfoque diferente, y es que desde mi experiencia sólo hay tres: 1. Quienes viven un status quo intencional, 2. Quienes no tienen ni tiempo ni fuerzas para intentarlo y 3. (La especie en extinción) Quienes contra todo, luchan por ser mejores.

Suena inspirador eso de ser mejor, pero demanda sacrificio, esfuerzo diario y ahí es donde la mayoría claudicamos. Nos encontramos con todo tipo de estándares, algunos alcanzables, otros con la barra muy por encima nuestro, los más definitivamente mediocres y éstos últimos terminan por seducir a las masas.

La ley del mínimo esfuerzo saca lo peor del ser humano y nos lleva a una vida estática, sin brillo, apenas digerible. Quizás porque hemos sido diseñados para más. Quizás la monotonía en la vida de muchos se debe solamente a que somos una “licuadora batiendo yemas”, las mezclamos, pero no las batimos. Es decir, quizás estamos viviendo pero no cumpliendo nuestro propósito y, una vida sin propósito tiende a volverse monótona y lo hará tarde o temprano.

Sólo cuando nos mantenemos forzando nuestros límites llegamos a nuevas capacidades. Pero eso es caro, sacrificado y en el mundo en que vivimos, muy impopular. Sin embargo, la exclusividad de las cosas es lo que les añade la característica de extraordinario. Las cosas monumentales son aquellas cosas que se logran con gente ordinaria llevando su capacidad al límite. Ser mejor te saca del montón y te posiciona para cosas nuevas, pero… ¿mejor que quién?

Creo que es la pregunta exacta. Porque competencia sobra en nuestro entorno, competencia de todo tipo y sobretodo competencia desleal. ¿Es eso lo que necesitamos para ser mejores?

Yo he decidido tomar un camino diferente y llevo años caminando por él. No me interesa ser mejor que nadie más, la comparación puede derivar en frustración, no tienen sentido tratar de ser como alguien más, mucho menos tratar de ser mejor que alguien más. Somos diferentes, con capacidades distintas y con antecedentes muy diversos. Sencillamente no vale la pena.

Si me preguntas quién soy, te responderé sin sombra de dudas: “Un amigo de Dios, felizmente casado y orgulloso papá, predicador, líder y comunicador en esencia.” Déjame continuar, no hay obsecuencia, sólo identidad en lo que digo. ¿Soy el mejor amigo de Dios? Lo dudo… tienen tantos y tan buenos, que me imagino haciendo fila para tomar un ticket. ¿Soy el mejor esposo o el mejor padre? Comparado con mi entorno debo ser parte del promedio. ¿Soy el mejor predicador, líder o comunicador que existe? No. No lo soy. Pero aquí viene la pregunta más importante, ¿me importa? Y mi respuesta es igual de clara: no. No me importa.

No quiero ser el mejor predicador, ni el mejor papá que haya existido… pero si quiero ser el mejor líder que yo pueda ser, quiero ser el mejor esposo que pueda ser, quiero excederme en mis límites y comunicar cada día mejor. Quiero derrotarme. Eso quiero.

Me he metido en una loca carrera contra mi mismo. A veces pierdo, a veces gano. Como diría mi amigo John Maxwell: “A veces se gana y a veces se aprende”. Estoy decidido a ganar, por una sencilla razón, sé que puedo ganarme a mi mismo. Me conozco. Conozco mis debilidades y conozco mi potencial, he probado mis límites y puedo extenderme más lejos. Puedo.

¿Cómo puedes unirte a mi cruzada en contra de la mediocridad y salir del promedio?, no es el descubrimiento de la pólvora, sólo una estrategia ordenada, pero creo que puede ayudarte pues a mi me sirve cada día:

  • Enfócate en una sola cosa: Si quiero ser puntual y quiero ser más elocuente y quiero ser paciente y quiero usar palabras agradables y quiero comer sano y quiero leer un libro al mes y quiero… no lo lograré. La mayor parte del tiempo no fallamos por falta de voluntad o de capacidad, sino por falta de enfoque. Una cosa a la vez, todos pueden.
  • Prueba tus límites: No puedo evitar pensar en la última película del Hombre de Acero, cuando entiende quien es y recibe la recomendación de su padre: “pon a prueba tus límites”, le dice. Su primer salto es increíble pero termina en una caída estrepitosa, sin embargo su segundo salto se transforma en vuelo. Muchas veces no mejoramos no porque no podemos, sino porque no intentamos. La consabida frase de “salir de tu zona de confort”. Hazlo.
  • Mantén un registro de tu progreso: Esto servirá para mantener tu motivación. Con frecuencia olvidamos lo bueno pero recordamos lo malo. Una pequeña bitácora, algo que te ayude a mantener un registro de tu progreso. El ver de forma tangible que estás mejorando te ayudará a mejorar más.
  • La fuerza de la costumbre: En un inicio esta loca carrera contra mi mismo ha tenido que ser intencional, pero con el paso del tiempo se ha vuelto rutina. Esa rutina permite mantenerse por más tiempo en carrera. Sea lo que sea que hayas elegido como área de trabajo para mejorar, sostenla en el tiempo, oblígate a la costumbre y habrás dado un paso gigante. Así como nadie se vuelve alcohólico de un día a otro, así también no se mejora de un día a otro. Paso a paso, un día a la vez, hasta lograr una costumbre.

En 1998 (¡cómo ha pasado el tiempo!) mi mayor defecto era la impuntualidad, 45 minutos, una hora de retraso eran parte de mi vida. Hoy he mejorado mucho, mi mayor retraso no supera los 10 minutos y prácticamente no ocurre, de 10 citas, una es la penosa excepción.  Esa excepción y esos 10 minutos me hablan de una brecha aun existente y quiero ser mejor. Sigo en mi loca carrera, quiero ganar. Voy a ganar.

¿En qué quieres competir contigo mismo? ¿Cuándo comienzas?

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