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jun 12 2012

Padre bueno

Mateo 7:11 TLA

“Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, con mayor razón Dios, su Padre que está en el cielo, dará buenas cosas a quienes se las pidan.”

Mi experiencia como padre apenas bordea los 5 años, pero han sido 5 años de aprendizaje intensivo. Mis hijas me han enseñado y me enseñan cada día. Me han dejado conocer mi potencial, me mostrado mis debilidades, me han empujado hasta el extremo, han sacado lo mejor de mi (y a veces lo peor), me han desafiado, me han mostrado lo que puedo y lo que no, ellas no lo saben pero sin lugar a dudas han cambiado mi vida para siempre.

Lo más increíble es que criando a mis hijas he escuchado a Dios más claro y fuerte que nunca. Sólo un par de mese atrás, escuchando la canción “No me daba cuenta” de Jesús Adrián Romero, pude comprender la similitud entre lo que me pasa y lo que dice la letra: “…cuando las tomé en mis brazos, el día en que nacieron, pisaba tierra santa sin saber cuando me sonrieron. Y cuando las miré a los ojos y vi su corazón latiendo, mis hijas me llevaban sin saber hasta la sarza ardiendo. No me daba cuenta, no. No me daba cuenta”.

Alimentándolas, comprando cosas para ellas, esforzándome la milla extra en el trabajo porque sé que les ofreceré algo mejor, cuidándolas cuando enferman, acostándolas por la noche, llevándolas en el auto…  a cada paso… en cada instante… Dios hablando, enseñándome, mostrándome una de las verdades más elocuentes de mi vida: Él es mejor.

Siempre pensé saber que Dios era mejor que yo (hasta la frase parece obvia) pero nunca había aterrizado sobre ese concepto, Él realmente es mejor y sólo siendo papá pude comprenderlo al re-descubrir Su naturaleza y Su obrar como padre, en mi vida, en la tuya. Un apagón, mi hija asustada, yo la toma en brazos y juntos caminamos hacia dónde hay una vela, le repito al oído: “no te asustes princesa, yo estoy contigo. El papi sabe donde hay luz”. Bum! En ese mismo instante, Dios a mi oído: “Aunque pases por el valle de sombras de muerte no temerás mal alguno porque yo estaré contigo”. Y entonces comprendo, Él es mejor, si yo haría lo que sea por cuidar a mi hija, cuánto más Él no hará por mi, por ti.

Mi hija se cae, se rasmilla la rodilla, llora; yo corro desde donde me encuentro, la abrazo, la contengo, hago lo que puedo para disminuir el dolor, para aliviar la herida y bam de nuevo!, Dios a mi oído: “No temas, yo estoy contigo, no desmayes, yo soy tu Dios que te da fuerzas”.

Él es mi padre y tiene cuidado de mi, mis problemas le interesan pero no le causan desvelo, Él es más grande, su plan es mejor. No sólo tiene la solución, sino que me alienta a alcanzarla, a crecer en el proceso. El es mi padre y sólo siendo papá pude entender la magnitud y la responsabilidad que eso significa. Él es mi padre y puede ser el tuyo.

Vivimos en una sociedad en la que la figura de la madre ha ocupado todos los escaparates y, ¡como no! La madre es probablemente lo mejor que Dios pudo hacer en esta tierra. En cambio el concepto o la imagen de padre están devaluados. Padres que abandonan, que cambian de familias, que desconocen a sus hijos, que no quieren pagar el precio de madurar. Quizás por eso, para muchas personas, es difícil comprender a Dios como padre. Pero Dios lo es, es padre y es uno bueno.

No sé como haya sido tu padre, o si lo hayas tenido, pero si sé algo, Dios es el padre que cualquiera necesita y si le das una oportunidad no sólo lo demostrará, lo hará con creces. ¿Tu cuidas los pasos de tus hijos? Dios es mejor, ¿cuidas de conocer sus amistades? Él te supera. ¿Te preocupa su bienestar? El se ocupa del tuyo. Es casi como si pudiéramos ver a Jesús hablando: “Si ustedes, siendo malos, le dan cosas buenas a sus hijos, ¿no hará Dios algo mejor?”.

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