«

»

oct 05 2010

Daniel, profesión: Profeta

Update para Escuela de profetas

Daniel 9: 1 – 5 (LBLA)

“En el año primero de Darío, hijo de Asuero, descendiente de los medos, que fue constituido rey sobre el reino de los caldeos, en el año primero de su reinado, yo, Daniel, pude entender en los libros el número de los años en que, por palabra del Señor que fue revelada al profeta Jeremías, debían cumplirse las desolaciones de Jerusalén: setenta años. Volví mi rostro a Dios el Señor para buscarle en oración y súplicas, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré al Señor mi Dios e hice confesión y dije: Ay, Señor, el Dios grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia para los que le aman y guardan sus mandamientos, hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho lo malo, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas.

Volvamos al oficio de profeta. Éste servicio se diferencia de otros en que la persona que lo ejerce, además de tener la habilidad de distinguir la voz de Dios, tiene el llamado de comunicar lo que el Señor le habla. Hasta ahí es donde la mayoría coincidimos en conocimiento, pero la realidad es que el oficio incluye más.

1. Un profeta conoce e interpreta las Escrituras, “…yo, Daniel, pude entender en los libros el número de los años en que, por palabra del Señor que fue revelada al profeta Jeremías, debían cumplirse las desolaciones de Jerusalén: setenta años”.

Aquí es necesario aclarar que hay pasajes que no requieren ningún tipo de interpretación como aquél en que Jesús dice: “…el que no tenga pecado que lance la primera piedra”, otros que mencionan “un monstruo de siete cabezas” obviamente necesitan interpretación, pero la habilidad del profeta va más allá. Tiene comunión con las Escrituras, las escudriña, entiende y aplica correctamente sus contextos y sabe utilizarla en beneficio del pueblo de Dios sin manipularla. Dice lo que en La Biblia dice, como debe decirse, ayudando a que otros la entiendan.

2. Un profeta es un buscador de Dios permanente: “Volví mi rostro a Dios el Señor para buscarle en oración y súplicas, en ayuno, cilicio y ceniza.

No hay manera que un profeta escuche a Dios si no pasa tiempo con Él. Buscar a Dios de forma permanente es una de las tareas inexcusables de un profeta. Lo interesante del carácter de Daniel es su pro-actividad en esta tarea. De hecho, algo que yo considero como “el secreto” de Daniel para el éxito, se encuentra en Daniel 6:10 “… Daniel… como lo solía hacer antes, continuó arrodillándose tres veces al día, orando y dando gracias delante de su Dios.

Daniel busca a Dios con dedicación y con diligencia. Cuando entendió lo que decían las escrituras del profeta Jeremías no se conformó con angustiarse como lo haría cualquiera de nosotros, sino que le puso solución inmediata: buscar a Dios.

3. Un profeta hace penitencia “en oración y súplicas, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré al Señor mi Dios e hice confesión…” Es bien cierto que ya hemos sido perdonados, pero la única forma de experimentar el perdón que regaló Jesús es a través del arrepentimiento, confesando nuestros pecados delante de Dios como dice 1ª Juan 1:9Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.” Llegar delante de Dios y reconocer el pecado es tarea de un profeta.

En este caso Daniel fue a hacer penitencia por todo su pueblo: “hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho lo malo…” No fue a acusar a nadie delante de Dios, al contrario se hizo parte con los necesitados. Esto nos lleva al siguiente punto.

4. Un profeta no es más que nadie, verso 20 del mismo capítulo: “Aún estaba yo hablando, orando y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel“. El ministerio de la profecía cae en descrédito porque algunos abusan del privilegio que es hablar de parte de Dios.Un profeta no puede ser de los que buscan aplauso o reconocimiento. No pretende ocupar los primeros lugares ni ansía el “título” profeta delante de su nombre como quien describe algún logro universitario.

Tener la responsabilidad de decir: “Esto es lo que dice el Señor…” el algo que no debe tomarse a la ligera. Si seremos juzgados por cada palabra que salga de nuestra boca, cuánto más si lo que sale de nuestra boca es atribuido a Dios? Un verdadero profeta es un siervo y su trabajo es servir, ni más ni menos.

5. Un profeta es también un intercesor, verso 16 del mismo capítulo: “Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de tu ciudad, Jerusalén” La tarea del profeta incluye buscar la misericordia de Dios para quienes reciben el mensaje que comunicamos.

Es aquí donde Jonás se equivocó. El esperaba que Nínive ardiera: Jonás 4: 2 “… sabía yo que tú eres un Dios clemente y compasivo lento para la ira y rico en misericordia, y que te arrepientes del mal con que amenazas…

Lo que un profeta sabe es que Dios es fiel, sabe que es misericordioso, por ello intercede y así como se pone delante del pueblo para hablar de parte de Dios, así también se pone delante de Dios para hablarle de Su pueblo y buscar Su favor.

Daniel reunió todas estas características. No sólo hablaba de Dios, sino que hablaba con Él. Conocía su palabra, sabía interpretarla y con la ayuda del Espíritu interpretaba sueños y visiones. Pero además era diligente, disciplinado, humilde y valeroso en extremo. Su vida es el reflejo textual de lo que debe ser un profeta.

Si Dios te está llamando a este maravilloso ministerio, una buena cosa que puedes hacer es estudiar el libro de Daniel, no te conformes con leerlo, estúdialo! Abrázate del Espíritu y recorre sus páginas. Estoy seguro que Dios te hablará por medio de ellas.

Bueno, más para profetas pronto. PAZ!

Carlos Alberto

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes utilizar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>