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dic 14 2009

Update para predicadores

¿Qué debo hacer para ser predicador?

Primero ser cristiano, jejeje. Ahora en serio, lo primero es tener una fluida relación con Dios. Para hablar de Él es necesario conocerle, pasar tiempo en su presencia, que tu oración deje de ser un monólogo y se transforme en un diálogo, para que fruto de esta comunión haya materia de la que se pueda hablar al pueblo de Dios.

Lo segundo es tener el talento. Lo pongo como segundo porque Dios tiene talentos “para aventar”, lo que no tiene es gente que esté dispuesta a pagar el precio de tener cierto talento y en el caso de predicar hay muchas cosas que entrarían dentro de la categoría de “pagar el precio”, de eso te hablaré más adelante.

Tener el talento es vital. Uno no puede llegar a ser un “Cristiano Ronaldo” con la pura pinta, hace falta además tener el talento de futbolista (lo cito como ilustración). Predicar es un talento y sin el la predicación es insípida y pesada.

Tercero, hay que conocer muy bien las Escrituras. Si bien el talento hará que la predicación sea atractiva, es sólo la Palabra de Dios la que llevará a la audiencia a producir fruto. La fe viene por el oír, pero por el oír la Palabra no por oír al predicador.

Un predicador es un “estudiante de Biblia”, todo el tiempo.

Tristemente he visto muchas veces a “predicadores” que no usaron la Biblia ni para hacer ademanes con la mano, y no exagero. La Biblia es la fuente de toda predicación, es en torno a lo que todo mensaje debe girar y por ello es necesario meditar en ella y conocerla.

Cuarto, prepararse. Una vez apunto de comenzar un evento para jóvenes algunos de mis hermanos y yo conversábamos con quien iría a predicar esa tarde, era un hermano muy antiguo (no viejo eh! Antiguo) que en ese momento servía en otra comunidad y que esa tarde ministraría como predicador invitado. “¿De qué trata tu prédica?” le preguntó alguno de nosotros, a lo que él respondió con soltura “no tengo idea, ese rato Dios me muestra de que hablar”. Wow! podría pensar alguien, pero no. La verdad es que el hermano, con todo y experiencia, naufragó aquella tarde mientras predicaba.

No importa cuanta experiencia tengas, no importan cuantas veces hayas leído la Biblia e incluso cuan desarrollado tengas el don de ciencia, un predicador siempre debe prepararse. Es como ir de excursión o campamento, un buen líder de tropa irá a reconocer el lugar previamente antes de llevar a su gente, luego regresará y, conocedor del camino, los llevará a un punto seguro.

Cada predicador tiene su estilo, algunos escriben y memorizan toda su predicación, otros la esquematizan y la desarrollan, otros se valen de un ayuda memoria, otros la repasaron tan bien que pueden hablar de ella sin haberla memorizado pero con disciplina mental. El punto es que debe haber una preparación que incluya oración y búsqueda de bases bíblicas.

Finalmente, como quinto punto yo recomendaría: “Se tú mismo”. Durante muchos años mis hermanos gozaban y bromeaban conmigo porque tenía la tendencia a predicar como Marcos Witt. Era inevitable (pensaba yo), tengo cierta habilidad innata para hacer imitaciones, algunas me salen muy bien y bueno… los acentos idiomáticos y regionales se me pegan con facilidad, así que me costaba mucho no hacerlo “a la mexicana”, mucho de lo que aprendí sobre predicar lo aprendí de Marcos así que fue una lucha. Realmente no lo hacía a propósito, simplemente me salía.

Con el tiempo y con la práctica, con oración y confiando en Dios logré obtener mi propio estilo (aunque aun puedo hacerlo “a la mexicana” jejeje). Todos necesitamos recordar que aunque David fue vestido con la armadura de Saúl para vencer a Goliat, la batalla se ganó con una onda y una piedra. La armadura de Saúl es para Saúl y la onda es para David. Cada persona tiene su propio talento y su propia unción de parte de Dios. Sólo créele a Dios y déjate usar por Él.

Cuando Dios se entrevistó con Moisés en la zarza ardiente le dijo algo clave (para los predicadores): “¿Qué tienes en la mano?” Moisés tenía su cayado de pastor y fue con eso que El Señor obró delante de Faraón y el pueblo. De la misma manera Dios usará lo que tu tengas a mano. Muchas veces vemos como predican otros hermanos y los admiramos por su talento, no está mal, pero Dios tiene uno especial para ti. Sólo se tu mismo y deja que Dios haga el resto.

Una vez, tomando examen de predicación a una hermana me pasó lo siguiente. La hermana me presentó su tema y la verdad lo hizo pésimo. Yo no me puedo dar el lujo de hacerle creer a alguien que lo hizo bien cuando se que predicar es una gran responsabilidad. Le dije “hermanita, lo siento, pero lo hiciste mal”, conforme empezaba a darle mis correcciones ella se enfureció y me gritó: “¡Acabo de defender mi tesis! ¡Soy muy buena disertante! ¿Cómo puedes decirme que lo hice mal?”.

Este es un error muy frecuente, hay personas que piensa que porque dieron clases o hicieron algún discurso eso ya los habilita para predicar, pero esto no es cuestión de oratoria, es un talento de Dios que se mueve en base a la oración y al conocimiento de la Biblia. Sin esos recursos la oratoria es lo de menos.

¿Cómo puedo darme cuenta de que tengo el talento de predicar?

El talento de predicar se puede distinguir por algunos detalles simples pero que deberían ser atendidos. Como siempre lo primero es mantener nuestra relación con Dios y entender si Él nos está llamado a este ministerio. Si aquí me preguntas “¿Cómo?” debo decirte que necesitas trabajar precisamente en tu relación con Dios, ese “¿Cómo?” te lo responderá Él.

Un predicador tiene el talento de un buen narrador de cuentos. Si la gente suele prestarte atención cuando relatas algo, si sabes hacer que la gente encuentre interesantes tus historias, si tienes una imaginación fabulosa y eres capaz de inventar cuentos, si tienes cierta gracia y humor (esto no es excluyente, conozco predicadores serios y muy efectivos), pues estas pueden ser señales de que tienes el talento para predicar, pero este don lo distribuye Dios y es Él quien te lo hará notar.

¿Cómo debe ser una prédica?

Básicamente debe ser:

1. Práctica, esto quiere decir que la Palabra de Dios debe “aterrizarse” a situaciones cotidianas que ayuden a que la gente entienda los principios bíblicos y los pueda aplicar en su vida habitual. No importa cuan profundamente doctrinal sea el tema a predicar, éste tiene que ser aplicable a la vida de los creyentes.

2. Relevante, esto quiere decir que hay un tiempo apropiado para hablar de “Los siete sellos y las siete trompetas” y hay otro para hablar sobre “dar la otra mejilla”. Nuestras predicaciones deben ir acorde a la relevancia para las vidas de la gente que escuchará la predicación.

Es bueno que expliquemos las grandes verdades ocultas en la Palabra de Dios, pero también es necesario que pensemos en la necesidad de la audiencia, quizás aprender de los “Siete sellos” sea emocionante, pero muy difícilmente servirá para alguien sane su relación matrimonial o haga frente a una deuda que se vence. La relevancia de nuestra predicación definirá esto.

3. Entretenida, no hablo de una “chacota” o de tomar la predicación a la broma, pero creo que es fundamental que la gente se sienta atraída por el mensaje y para ello hay que intercalar ejemplos, ilustraciones y porque no, algún chiste apropiado que ayude a la gente a comprender los principios que se compartan. Muchas veces la gente recordará con mayor facilidad un ejemplo, una anécdota o un hecho gracioso de la predicación y eso les ayudará a practicar el principio que deseábamos transmitir.

¿Por qué hay predicadores que hacen sentir mal a la gente mientras predican?

La verdad, no lo sé. Pero si puedo decir que el predicador es como un mesero, nuestro trabajo es servir las mesas y hacer sentir a gusto a los comensales. A nadie le gustaría llegar a un restaurante y que le mesero le diga: “pero miren a quien tenemos aquí, que milagro que vuelva con nosotros, pensábamos que le gustaba más la comida del restaurante del frente, seguro viene por necesidad, no faltaba más. Bueno, le serviré de todos modos”.

Muchos predicadores hacen eso, se suben al púlpito, sacan su látigo de Indiana Jones y zapf! A azotar a la audiencia. No olvidemos que sólo el enemigo acusa, mientras que el Espíritu redarguye, nuestro trabajo es predicar la Palabra, con amor, convencer de pecado es tarea del Espíritu Santo.

Si hay algo que realmente me disgusta es ver un predicador o un pastor que le gusta “azotar” a las ovejas.

No se trata de ser complaciente, de ocultar la verdad o de no denunciar lo que es contrario a la Biblia, pero se puede hacer todo eso con amor. Antes de predicar algo pregúntante: “¿Cómo lo haría Jesús?” y luego hazlo de la misma forma en que Él lo haría.

¿Cuál es el precio que hay que pagar para predicar?

Obviamente no hablo de un precio monetario, es un precio de compromiso. Hay que estar dispuesto a llevar un vida de relación fluida con Dios. Hablar de Dios sin hablar con Dios es perder el tiempo.

Hay que reservar tiempo a meditar y estudiar La Biblia, darle espacio a la preparación de los mensajes y estar dispuesto a sacrificar tiempo por este servicio.

Quizás lo más importante, hay que vivir y practicar antes de predicar. Un predicador tiene que predicar con su vida. Me gusta el relato de la vida de Francisco de Asís, uno de sus discípulos le pidió que le enseñe a predicar, Francisco le ofreció hacerlo al día siguiente. Muy temprano en la mañana ambos salieron del monasterio, fueron al pueblo, hicieron algunas compras, ayudaron a un par de personas, conversaron con otras y así pasaron el día, ya cayendo la tarde mientras regresaban al monasterio el discípulo le dijo a Francisco, “maestro, ¿cuándo me enseñarás a predicar?”, a lo que éste respondió “la primera y más importante lección ya te la di, todo el día estuvimos predicando”.

La vida de un predicador debe guardar consonancia con lo que dice, de lo contrario sólo contribuiremos a desacreditar a Dios y a nuestro ministerio.

Creo que por hoy ya te di mucho en que pensar. Bendiciones!

Carlos Alberto

Nota: Este Update se mantendrá una semana como nota del Blog y luego pasará al link “Para Predicadores”.

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