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jun 29 2009

Perder para ganar

Marcos 8:34-36 (LBLA)

“Y llamando a la multitud y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. Pues, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?”

Este pasaje estuvo rondándome toda la semana pasada, de muchas formas. Finalmente pensé, “¿qué quieres enseñarme Señor?”. Y la cosa es así.

Muchas veces equivocamos el concepto del “costo del discipulado” y el significado de “llevar la cruz”. Es como si por alguna razón, ambos conceptos hubieran sido guardados en diferentes categorías en nuestra memoria, sin embargo, ambos hablan de lo mismo.

Seguir a Jesús es para valientes. Aunque Él pagó el precio (por nuestros pecados), seguirlo exige pagar un precio: negarse a un mismo. Ese es el costo del discipulado, eso es cargar con la cruz.

La cruz no es tu carácter. Éste debe alinearse con el de Cristo (Filipenses 2. 5: “La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús).

La cruz no es un familiar, tu esposa o esposo, tu suegro o suegra, etc. La Biblia nos enseña que con ellos no “cargamos”, al contrario, les debemos ayudar a llevar sus cargas (Gálatas 6. 2: “Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo”).

Tampoco lo son nuestros pecados, problemas, enfermedades, necesidades, deudas, etc. (Isaías 53. 4 – 5: “Ciertamente El llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores… El fue herido por nuestras transgresiones,
molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El,
y por sus heridas hemos sido sanados.”
), Él ya hizo lo difícil, nos toca lo fácil.

La cruz a la que Jesús hace referencia es negarse a uno mismo. Ese es el costo de ser su discípulo. Entender que todo se trata de Él, que es por Él y para Él y que muchas veces va a demandar negarnos a nosotros,a nuestros deseos, a nuestros gustos, a nuestras comodidad y a nuestro beneficio para un objetivo superior, la causa del Reino de Dios.

La Biblia nos relata en el evangelio de Marcos, como muchas veces Jesús y sus discípulos andaban tan ocupado en la predicación, en sanar enfermos, en atender a la gente que no tenían tiempo ni para comer.

Pero la buena noticia es que esto es un perder para ganar. Jesús promete que quien lleve su cruz, es decir, quien se niegue a si mismo no estará esforzándose por salvar su alma, al contrario, al estará dando su vida por el Reino, estará ganándola.

Es parte de un compromiso. He decidido tener una relación permanente con Dios. Voy a leer mi Biblia, aunque esté cansado, aunque sea tarde. Le daré un tiempo a conocer su corazón.

Voy a orar, encontraré el mejor horario, lo haré creativamente, pero hablaré con Dios, me negaré a mi flojera o a mi comodidad.

Al menos una vez a la semana tendré compañerismo con otros cristianos, juntos bendeciremos a Dios, aprenderemos y daremos testimonio. Apartaré ese tiempo para Dios y para mis hermanos, me negaré a mi mismo, porque se que perdiendo es como ganaré.

Después de todo, ¿quién puede extender su vida una hora? ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde el alma? Negarse a uno mismo es estar dispuesto a poner tu vida por el evangelio y así ganar, ganar para vida eterna.

Carlos Alberto

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